lunes, 17 de febrero de 2014

ROPA VIEJA

Sucede en los últimos tiempos, cuando me acerco a eso que un buen día mi apreciado profesor Francisco Javier Díez de Revenga denominó poesía de senectud. Presiento que hay excelentes poetas que, cuando comienzan a oler en su propio trasero la muerte, se dan excesiva celeridad en conglomerar sus versos a modo de testamento. No les importa repetirse ni exprimir una idea o un versículo para hacerlo marca registrada. Sin filtros, sin reciclajes, sin leer para dentro ni ser responsables de sus actos. Como si estuvieran metiendo ropa sucia en una bolsa de mercadona y fueran a llevarla a un centro social para dársela a los parias. 

De ser verdad, es una pena. Ellos mismos seguro que se indigestaron con los últimos libros de Mario Benedetti o Rafael Alberti, sin ir más lejos.
Pues no por moribunda, admirado poeta, tu palabra ha de ser ley. Ni tus últimos pensamientos, por más que las editoriales se los rifen, han de cambiarnos la vida si nos los presentas recogidos en un orinal. 

domingo, 2 de febrero de 2014

¿QUÉ FUE DE AQUEL GRUPO DE GILIS? [CODA Y ADENDA]




Fue un paisano, considerado poeta por muchos, el de aquella célebre intervención que habrá de acompañarme durante bastante tiempo. Hoy obviaré su nombre, porque a la mayoría ya no habrá de sonarle la referencia. Fue en la puerta de una biblioteca, a finales del siglo pasado. Languidecía un acto literario, un recital de poesía. El maestro Brines, si no me traiciona la memoria. Me dijo aquello de ¿Ah, pero tú también escribes? Yo creía que eras de esos gilipollas que sólo vienen por escuchar la poesía. Fue como un fogonazo para aquella joven promesa de la literatura murciana que yo era entonces. Descubrí así que eso de los actos literarios era para una tribu especializada de no sé qué secta. Que si eras, estabas. Y si no estabas, no eras. Que uno no podía ir a escuchar la palabra de los poetas sin más en una ciudad con tan pocos candidatos a ser la estrella del mes. 

Pero mire usted por dónde, querido paisano, los caprichos que tiene el devenir del tiempo. De aquellos jóvenes gilipollas que íbamos a esos actos por puro placer – no para hacer acto de presencia y dejarse ver – algunos, como es el caso de José Daniel Espejo, Juan de Dios García, Antonio Aguilar, Héctor Castilla o Cristina Morano han hecho de la poesía su casa. El maestro narrativo que todos teníamos en Murcia, Luis Leante, ha dado con sus huesos en Alfaguara. Y, quién lo iba a decir, la más pequeña y espigada de todos nosotros, Marta Zafrilla, ha devuelto la ilusión a los más jóvenes y está vendiendo ejemplares en USA. 

Y esto solo hasta 2007, cuando hablé de usted y nuestro incidente por primera vez. Ahora les acompañan Alberto Chessa, que rozó con la punta de los dedos el Adonais (imagino que usted lo habrá infravalorado alguna vez, ese premio, pues nunca fue joven); Miguel Ángel Hernández-Navarro, que va a ser traducido al francés con una de las mejores novelas del 2013 y fue incluido en una más que recomendable antología de microrrelato en Cátedra (junto a Manuel Moyano, considerado ya maestro del género); en Cátedra también está Diego Sánchez Aguilar prologando la poesía vertical de Roberto Juarroz; José Óscar López con su catálogo de monos insomnes nos demuestra lo que muchos sabíamos; Ginés Sánchez, al que recordaré siempre tímido y con sus hojas bajo el brazo, taciturno paseante entre las mesas y las sillas del Ítaca o el Zalacaín; y qué decir de Javier Moreno, que ha fotografiado el alma de nuestra generación con palabras y ha destruido con su 2020 el mito de Eurovegas.

Quizá se haya debido todo esto a que ese pequeño grupo de gilipollas iba a escuchar la voz de los poetas, a aprender de ellos, a regocijarse con el encuentro vital de la palabra. Y no como los que formaban ese otro selecto grupo que se posaban en primera fila para atosigar al invitado con ciertos manuscritos donde, por la fuerza de la razón, habrían de descubrir al nuevo emisario del perfecto endecasílabo.
Seguro que me olvido de alguno, y lo lamento. Pero lo bueno que tiene este post, querido paisano, es que continuará reciclándose. Porque el mundo seguirá llenándose, pese a quien le pese, de estos dulces gilipollas que nos hacen más hermosa la existencia. De los que aprendo diariamente.

Le recomiendo encarecidamente que usted también aprenda algo de ellos.