lunes, 17 de febrero de 2014

ROPA VIEJA

Sucede en los últimos tiempos, cuando me acerco a eso que un buen día mi apreciado profesor Francisco Javier Díez de Revenga denominó poesía de senectud. Presiento que hay excelentes poetas que, cuando comienzan a oler en su propio trasero la muerte, se dan excesiva celeridad en conglomerar sus versos a modo de testamento. No les importa repetirse ni exprimir una idea o un versículo para hacerlo marca registrada. Sin filtros, sin reciclajes, sin leer para dentro ni ser responsables de sus actos. Como si estuvieran metiendo ropa sucia en una bolsa de mercadona y fueran a llevarla a un centro social para dársela a los parias. 

De ser verdad, es una pena. Ellos mismos seguro que se indigestaron con los últimos libros de Mario Benedetti o Rafael Alberti, sin ir más lejos.
Pues no por moribunda, admirado poeta, tu palabra ha de ser ley. Ni tus últimos pensamientos, por más que las editoriales se los rifen, han de cambiarnos la vida si nos los presentas recogidos en un orinal. 

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