domingo, 6 de abril de 2014

EL TONTO DE TURNO QUE COMPRA POESÍA

En un corto espacio de tiempo he notado como poetas notorios y notables de nuestro panorama actual y nacional se quejaban amargamente en las redes sociales de lo poco que se compra poesía en este país. Tanto José María Cumbreño en su impagable función como editor de culto liliputiense como Isla Correyero o Manuel Vilas echaban pestes de los no lectores no compradores de poesía.
En este sentido, creo que hay dos tipos de lectores de poesía contemporánea: los que creen en ella y los que se aúpan en ella para que les sirva de trampolín a sus propósitos verdaderos. Casi todos sabemos distinguir a la legua a unos de otros. Y pobre del que no lo sepa hacer a tiempo, porque corre más peligro que una botella de bourbon en el maletero de KIT.
Escenas similares a la siguiente ya se vivían en los noventa, así que la desgana consumista de hoy de los lectores de poesía no puede achacarse en todos sus vértices a la crisis. El comodín del IVA cultural tampoco es válido, por mucha pose de pseudointelectual que nos dé hablar de él. Ahí están subiéndonos el alcohol y el tabaco cada dos por tres y nadie deja de adquirirlo, por muy bueno que sea hacerlo.
Imagino que le pondrán cara en un santiamén a alguno de estos personajes. En la escena, el tonto de turno le pregunta al conocido (a quien admira porque tiene tirón con las titis y publica en antologías y revistas de primera división):
TONTO DE TURNO: ¿Te has leído ya el libro de fulano? ¿Qué te ha parecido?
CONOCIDO: ¡Qué va! ¡Aún no se ha dignado a mandarme un ejemplar! [En ocasiones podrá añadir alguna patética intervención aclaratoria que revelará aún más su patetismo. Por ejemplo:] ¡A mí! ¡A mí, que le presenté al editor Zutano de Tal!
TONTO DE TURNO: ¿Y por qué no te lo has comprado?
CONOCIDO: ¡¿Comprármelo?! ¿Un libro de fulano? ¡Pero qué se ha creído ese, que va a pagarse la Universidad a mi costa o qué! ¡A ver! ¡Tú sí que estás tonto comprándotelo! ¡Para tirar el dinero se lo doy a Cáritas, leche!
TONTO DE TURNO: ¡Hombre, que digo yo que si no se lo compramos los amigos y conocidos, a ver de qué va a salir la cosa adelante!
CONOCIDO: ¿Tú has tenido el cuajo de comprarlo?
TONTO DE TURNO: ¡Pues claro!
CONOCIDO: ¡Ah…! Y no te importaría pasármelo, ¿verdad? Es que este mes voy cortísimo de pelas, ¿sabes?, y…


Más o menos ya sabemos cómo acaba la escena: lo más probable sea que el tonto de turno recupere su propio ejemplar del poemario adquiriéndolo de nuevo en una feria de ocasión o en una librería de lance, donde el conocido habrá ido a venderlo.  

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