viernes, 6 de junio de 2014

SEÑORA, LEA POESÍA PARA BOLLERAS


Ahí estaba yo, trasteando a las tantas por las redes sociales, cuando veo que una editorial a la que le tengo mucho aprecio a pesar de los pesares se congratulaba porque una de sus tuteladas iba a asistir este mes a Eslovenia como voz de la poesía lesbiana europea.* Cada una de ellas traducirá textos de las otras poetas a su lengua original. Se dice expresamente que todas son lesbianas.
Llamadme gilipollas, pero estas etiquetas me revientan sobremanera. Así no hay manera de que la gente se acerque a la poesía. Clasificar la poesía del creador por la sexualidad de su autor debe de ser una de las cinco cosas más estúpidas que un lector pueda hacer. Mucho peor que comprarse una novela por una crítica del Qué leer, no quepa la menor duda.
En mi humilde opinión (sí, en mi carcamal opinión, quise decir), creo que la poesía se divide en dos grandes categorías: “lo que sí es poesía” y “lo que de ninguna de las maneras lo es”. Todas las demás etiquetas son absurdas y anacrónicas. Veo que por aquí nadie recuerda la que se lió con la antología de “Las diosas blancas”, por citar de memoria. Si un homosexual se acerca a determinadas poéticas por lo que hace su creador en su intimidad – llámese Whitman, Lorca (sí, niños y niñas de la ESO, Federico era cool, digo gay), Cernuda (sí, niños y niñas, este también, el poeta que una vez nos recomendó Aznar**) o tantísimos otros – es como para mirárselo en un centro de salud.
¿Qué pasaría si yo dijera que hay que leer a Maram Al Masri, Yolanda Castaño o Lila Azam por lo guapas que son? Si, como amantes de la poesía, adoctrinamos de tal guisa, nos queda poco para desaparecer de la faz de la tierra.
P.d. Este escrito ha sido confeccionado mientras el autor escuchaba la discografía completa del maestro Tijeritas.

            * http://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2014/06/05/539053f222601d977a8b4574.html