viernes, 15 de mayo de 2015

¡A LOS PARADOS LES DA POR CADA COSA!



Extraños tiempos estos donde hay huelgas de futbolistas y las encuestas dicen que muy muy muy lentamente avanza el número de lectores, debido a la gran cantidad de parados poblando las aceras y acodándose en los parques.

Estos datos han puesto en alerta a sindicatos, gobierno y patronal, activando la urgencia por lograr un pacto social que dejara insatisfechos a todos, pero claramente necesario. Según el estudio anual, los jóvenes españoles, que ha de ser una de las franjas de edad con más paro actualmente, se están equiparando a la media europea, rozando el ochenta por ciento. Se dice, se cuenta, que algunos jóvenes ya no aprenden cómo han de manejarse en la primera cita con las páginas habituales de porno, sino con los libros de E. L. James y sus sucedáneos. La parte negativa del asunto es que amenazan con volver a sacar la colección de La sonrisa vertical. Tiemblan hasta algunos de sus autores.



Hay que darse prisa. Un real decreto a la voz de ya. Esto no puede continuar por estos derroteros. Imagínense una sociedad letrada, docta y en paro. Gentes en los parques dándole de comer a las palomas y recitando los versos de Ángel González o Luis Alberto de Cuenca, decenas de personas en las colas del INEM leyendo en su idioma original a Petrarca, Proust o Milton, muchedumbre reunida alrededor de una lectura de Félix Grande o Antonio Gamoneda, para emocionarse con el Blanco Spirituals o el Libro del Frío; una multitud congregada en torno a una pieza del ingobernable  Darío Fo, todo un auditorio de parados escuchando las milongas del comunista Saramago o las batallitas del reportero de guerra Pérez Reverte y haciéndose las inevitables preguntas que siempre las certeras palabras del portugués o del cartagenero suscitan.
Ya me veo a las fuerzas del orden echando agua a esa masa enloquecida con pancartas, abogando por más bibliotecas públicas y menos Plan G, cuyo único lema sería los tres primeros versos de la famosa y siempre necesaria Canción a las Ruinas de Itálica de Rodrigo Caro, ésos que dicen: Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora / Campos de soledad, mustio collado, / Fueron un tiempo Itálica famosa.

¿Qué sería de nosotros si los parados de este país en vez de llorar sus penas con la chica de la última página del As o con las ayudas arbitrales sucumbieran ante los encantos de la palabrería mágica de Paul Auster o Javier Marías o a las aventuras que hacen pensar en utopías de Jonathan Swift o los universos homéricos?

Una sociedad en paro e interesada por la información y el conocimiento no es algo bueno. Es el preámbulo del caos, el desorden y la revolución.
Quien ha leído libros lo sabe.  



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