jueves, 16 de julio de 2015

LOS 30 QUE ME SALVARON


30  LIBROS QUE ME SALVARON 
DE MORIR ASFIXIADO EN LA UNIVERSIDAD



Van en orden alfabético de las obras. He elegido una por autor, por no aglutinar. Estos libros me enseñaron mucho más que algunos de mis profesores, aunque, paradójicamente, me llegaron gracias a algunos de ellos. Otros, por amigos. Otros, trasteando por las bibliotecas.

¿Son los mejores 30 libros que he leído en mi vida? ¿Son a día de hoy mis favoritos de estos autores? ¡Por supuesto que no! Al menos, en su totalidad. Pero me forjaron, me guiaron. Y espero que os sirvan a vosotros también para algo, alguno de ellos, aunque solo sea para sonreír y decir: es verdad, lo que disfruté yo también con este en mis tiempos universitarios.

Postdata: Poeta en Nueva York ya lo había leído en los años del instituto. Pero no fue hasta este tiempo tan hermoso y complejo que me di cuenta de todo lo que había en su interior.




1.   Autorretratos, Eloy Sánchez Rosillo
2.   Cien años de soledad, Gabriel García Márquez
3.   De ratones y hombres, John Steinbeck
4.   Diario de una Enfermera, Isla Correyero
5.   Donde van a morir los elefantes, José Donoso
6.   Eneida, Virgilio
7.   Ensayo sobre la ceguera, José Saramago
8.   El informe de Brodie, Jorge Luis Borges
9.   El leve Pedro, Enrique Anderson Imbert
10. En la colonia penitenciaria y otros relatos, Franz Kafka
11. Esperando a Godot, Samuel Beckett
12. Hijos de la ira, Dámaso Alonso
13. Inventario, Mario Benedetti
14. La fea burguesía, Miguel Espinosa
15. La Oveja Negra y otras fábulas, Augusto Monterroso
16. La poesía ha caído en desgracia, Juan Carlos Mestre
17. La realidad y el deseo, Luis Cernuda
18. Las personas del verbo, Jaime Gil de Biedma
19. Lolita, Vladimir Nabokov
20. Madame Bovary, Gustave Flaubert
21. Memorial de Isla Negra, Pablo Neruda
22. Metamorfosis, Ovidio
23. Museo de Cera, José María Álvarez
24. Odas de Ricardo Reis, Fernando Pessoa
25. Odisea, Homero
26. Pedro Páramo, Juan Rulfo
27. Poesía completa, César Vallejo
28. Poeta en Nueva York, Federico Gª Lorca
29. Rayuela, Julio Cortázar
30. Un mundo para Julius, Alfredo Bryce Echenique




martes, 7 de julio de 2015

COMO SE REPITEN LOS TELEDIARIOS




Te damos, Señor, las gracias porque regrese el frío.

Te damos, Señor, las gracias por los telediarios blancos, inmaculados, preñados de gente feliz montando muñecos de nieve y de puertos con cadenas que aíslan pueblos abandonados sin colegio. Cuando España se viste de blanco, lo demás queda sepultado por la nieve, como si les hubiera sobrevenido un alud a los temas importantes.
Te damos las gracias también, Señor, por haber creado la Navidad, que da solidaridad para los sintecho al menos una vez al año y las vacaciones para que los funcionarios estén por unos días en paz con el mundo y tengan más fotos con las que apisonar nuestros documentos.

Te damos las gracias también, Señor, por habernos bendito con el gen de la intolerancia a las mascotas (sobre todo, a las de los demás).

Te damos, Señor, sobre todas las cosas, las gracias por haber creado la voz de Anthony Hegarty y las manos de Yann Tiersen, que nos resguardan de la esclavitud, haciendo de máquinas quitanieves contra la amargura de las rachas de viento a noventa kilómetros por hora y la inflación de las compras.

Como tazones de sopas calientes de verduras y picatotes, Hegarty y Tiersen.
Se repiten en mis memorias como la vida que florece en primavera y se agosta en la canícula, como la sutilidad del otoño anunciándonos el invierno, como la lluvia que se convierte en copos, como el discurso que se convierte en testamento.
Como se repiten los telediarios.
Como se repiten las tardes de domingo y castañas.
Como se repiten las caricias bajo la manta polar en el sofá azul, que espera la primavera.
Como se repite el invierno.

Te damos las gracias, Señor, porque sin ellos, el mundo se nos pararía en un tanto por ciento elevado de ocasiones, cada vez que miráramos por la ventana.