martes, 7 de julio de 2015

COMO SE REPITEN LOS TELEDIARIOS




Te damos, Señor, las gracias porque regrese el frío.

Te damos, Señor, las gracias por los telediarios blancos, inmaculados, preñados de gente feliz montando muñecos de nieve y de puertos con cadenas que aíslan pueblos abandonados sin colegio. Cuando España se viste de blanco, lo demás queda sepultado por la nieve, como si les hubiera sobrevenido un alud a los temas importantes.
Te damos las gracias también, Señor, por haber creado la Navidad, que da solidaridad para los sintecho al menos una vez al año y las vacaciones para que los funcionarios estén por unos días en paz con el mundo y tengan más fotos con las que apisonar nuestros documentos.

Te damos las gracias también, Señor, por habernos bendito con el gen de la intolerancia a las mascotas (sobre todo, a las de los demás).

Te damos, Señor, sobre todas las cosas, las gracias por haber creado la voz de Anthony Hegarty y las manos de Yann Tiersen, que nos resguardan de la esclavitud, haciendo de máquinas quitanieves contra la amargura de las rachas de viento a noventa kilómetros por hora y la inflación de las compras.

Como tazones de sopas calientes de verduras y picatotes, Hegarty y Tiersen.
Se repiten en mis memorias como la vida que florece en primavera y se agosta en la canícula, como la sutilidad del otoño anunciándonos el invierno, como la lluvia que se convierte en copos, como el discurso que se convierte en testamento.
Como se repiten los telediarios.
Como se repiten las tardes de domingo y castañas.
Como se repiten las caricias bajo la manta polar en el sofá azul, que espera la primavera.
Como se repite el invierno.

Te damos las gracias, Señor, porque sin ellos, el mundo se nos pararía en un tanto por ciento elevado de ocasiones, cada vez que miráramos por la ventana.




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