miércoles, 13 de abril de 2016

POR ENCIMA DEL HOMBRO


Cada  vez me hacen más gracia esos eruditos de pompa y salón, que se ponen la mitra cada vez que se exponen en un lugar más alto para medir exhaustivamente y con cierta conmiseración los versos en las antologías de los demás. Como si estuvieran seleccionando carne de estraza en un burdel veraniego.

Acostumbran a mirarme (a ti también, aunque no lo quieras) por encima del hombro, como si se dispusieran en su arcano recuento de sílabas a follarme por detrás, a sodomizarme el poema de mil posturas de manual arcaico escrito en una oscura abadía, lugar mítico donde más se han hervido siempre las imaginaciones.
A mí me da lo mismo, si he de ser sincero. Mientras ellos disfruten, a mí me vale.


Soy así de generoso. Sobre todo, si estamos hablando de Poesía.


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