lunes, 5 de septiembre de 2016

COMO UN NIÑO EN UN CENTRO COMERCIAL


COMO UN NIÑO EN UN CENTRO COMERCIAL

Imaginemos que vemos a un niño de mediana edad en un centro comercial, restregándose por el suelo, mórbido de llantos. Y junto a él a unos padres desesperados y con unas ojeras de palmo, de los que nos compadecemos enseguida, incluso imaginando que lo más probable es que quisieran estar encerrados en otro lugar más íntimo para explicarle cómo creen ellos que debe explicarse a ese mocoso repelente un par de cosillas sobre la vida, los salarios desesperanzados, los tiempos del cinexín, la dignidad y las marcas.


Pues así actúan muchos poetas hasta que no ven su reseña en la revista a la que le han puesto el ojo. Si ven alguna vez a un editor en tamaña tesitura, apiádanse de él y denle las señas de algún trastero completamente insonorizado donde el editor pueda llevar a ese determinado poeta a explicarle un par de cosas sobre la vida, los salarios desesperanzados, los tiempos del cinexín, la dignidad y las marcas. 


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