miércoles, 26 de octubre de 2016

DYLAN NOS QUITA EL SUEÑO


No podéis negarlo. Que se os ve el plumero. Que lo que pasa es que os da miedo, un miedo atávico e infinito que Dylan se lo haya llevado calentito. Que una semana después todavía hay lissssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssstos por las redes sociales diciendo que no saben qué libro del de Duluth leerse. Y otros tantos otorgándoles el Cervantes a Sabina o recogiendo firmas para que se lo den al compositor de Los Suaves. Lisssssssssssssssssssssssstos, que sois unos lisssssssssssssssssssssstos.

Lo que pasa es que el Nobel de Literatura cada poco tiempo quedaba reservado para un absoluto desconocido. Pero absoluto absoluto. Casi todos esos donnadies eran poetas, claro. Que no los conocíamos ni los del gremio. Y eso os daba morbo, os la ponía dura, porque vosotros eráis también unos absolutos desconocidos (muchos con una obra que quizás no se sostenga en un tendedero en cuanto sople un poco de viento). Según vosotros, por tanto, teníais licencia para, cuando os abrazabais a la almohada y nadie os veía, soñar con el Nobel.
Llevad cuidado con el cianuro que portáis en la envidia: algún día va a daros un susto.

Y, por favor, no habléis de lo que es justo o no cuando se trata de premios literarios, que parecéis más ridículos de lo que parecéis a simple vista.