lunes, 8 de enero de 2018

10 PELÍCULAS MENORES QUE ME ENCANTAN




La última jugada (A big hand for the Little Lady, 1966). Dirigida por un desconocido Fielder Cook, es un western donde no hay tiros, lo que llamará la atención a más de uno. Tampoco hay buenos ni malos. No hay indios, y los vaqueros son de cartoné, como algunos caballos que salen al comienzo de la película. La protagonista, sin duda, es Joanne Woodward, que sobresale por encima de un reparto multicoral, con una gran relevancia de los secundarios.  Es una comedia deliciosa.




Toma el dinero y corre (1969). La primera que dirigió Woody Allen. Casi nadie de sus fanáticos, seguidores o simpatizantes la pondría en el top ten particular de este longevo director, creo que ni yo mismo, pero es una comedia que borda momentos sublimes, como el de la pistola de jabón en la lluvia o “el disfraz” de sus padres para pasar de incógnito. El tema del documental falso, es otro punto a su favor: sabe apoyarse en él para resaltar la hilaridad.



Los pasajeros del tiempo (Time after time, 1979). H. G. Wells y Jack el Destripador son amigos. Y la máquina del tiempo funciona. No solo eso: Wells descubre que Jack la ha usado para evadirse de la ley y va tras él, en un futuro 1979. Con ese inicio, se puede decir que cualquier chavalote que la viera por primera vez quedaría petrificado ante la pantalla. Incluso mucho antes de saber de sus inquietudes literarias. En los ochenta, sabíamos quién era Wells y quién era Jack el Destripador. Hoy no. Quizás por eso la serie que se ha perpetrado rememorando este film ha naufragado por todos lados. El desarrollo del film se va diluyendo conforme avanza, cierto es, pero no deja de ser una película que, visto los bodrios que se hacían a finales de los 70, podría haber corrido mejor suerte.



Lady Halcón (1985). Quizás una de las películas que más me marcaron en mi adolescencia. Con música de Vangelis. Y un Rutger Hauer descomunal. Ah, claro, y Broderick, por supuesto. La dirigió Richard Donner, reconocidísimo por obras como La profecía, Superman: La Película, Los fantasmas atacan al jefe o la mítica Los Goonies. Además, firmó las cuatro primeras Arma Letal. De Michelle Pfeiffer nada diremos. Quien no se haya enamorado de ella en este film es porque no le corre la sangre por las venas.




Conexión Tequila (1988). Una película que me engancha cada vez que aparece en televisión, que no son pocas. Y eso teniendo en cuenta que los protagonistas son dos de los actores que tengo en mi lista de “gente a la que abofetearía públicamente sin ningún reparo”: Mel Gibson y Kurt Russell. Sin embargo, sale un malogrado Raúl Juliá haciendo un papel colosal. Y una estupenda Pfeiffer que, como Juliá, le pega un repaso interpretativo a los dos mequetrefes que la acompañan en el cartel. La dirigió Robert Towne sobre su propio guión (donde nos negamos a pensar que visualizara a los actores principales que al final escogió). Le perdonaremos porque fue guionista de la imprescindible joya de Polanski, Chinatown.



Carlito’s Way (1993). Brian de Palma y Al Pacino. ¿La segunda parte de Scarface? No, pero casi. En España la dejamos por “Atrapado por su pasado”, título con el que casi se cargan la película. Un personaje al que todo le sale como el culo. Pero mucho más entrañable que Tony Montana, que cree que cada habitante del planeta le debe algo. Carlito es más humilde, más tontucio. Un pequeño clásico.




Para todos los gustos (Le goût des autres) (2000). Cayó en mis manos por casualidad y la disfruté como un enano. Cada personaje es un mundo, y no se salva ninguno de ellos. Al final, tienen la necesidad de relacionarse entre ellos, de una manera o de otra, y salen más o menos bien parados. Agnès Jaoui, su directora, se mete en una película coral, con un humor cotidiano y bien elaborado. Una película que ganó bastantes premios y estuvo seleccionada para Óscar a película de habla no inglesa. En España, como pueden imaginar, pasó sin pena ni gloria.




Serendipity (2001). Película ñoña donde las haya, que ha pasado a la memoria colectiva por John Cusack, a quien le perdono todo excepto algunas cosas, y una mujer que nació para hacer ese papel: la bella Kate Beckinsale (por la que he visto incluso un par de castañazos de la saga Underworld). Sin embargo, para su director, Peter Chelsom, ha sido lo mejor que ha firmado, con diferencia.





Hero (2002). ¿Jet Li haciendo buen cine? Pues sí, al parecer. Lo mejor de esta película – posible su relativo éxito gracias a la repercusión de un clásico como Tigre y dragón – es la fotografía. Y la coreografía de los colores. No es la mejor cinta de un director clásico ya, como es Zhang Yimou. Ni está su musa, Gong Li – la mujer más guapa del mundo, cuando desaparezca la Loren. Pero hay un trabajo de composición estética impresionante. Y es una película tan detallista que estarás deseando que termine para comenzar a verla de nuevo.





Love actually (2003). Dirigida por Richard Curtis, que venía con el sello de exitazos como Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill o El diario de Bridget Jones, es otra deliciosa cursilería coral, muy coral. Con historias dispares, bien es cierto. Donde aparecen una serie de actores casi desconocidos entonces y hoy de referencia mundial (Martin Freeman, Andrew Lincoln, Bill Nighy, Chiwetel Ejiofor, January Jones…). Particularmente, tengo predilección por la historia dura, la de un maravilloso y muy llorado Alan Rickman, un actor insuperable en estos tiempos (me refiero a los que han llegado después). 


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