viernes, 16 de marzo de 2018

GALLO O NO





Algún día, no puedo acertar cuándo, Valeria Quintana irá paseando de la mano de sus hijos por Plasencia y se parará a unos pasos de la catedral, ante un portón no excesivamente grande, para lo que suelen ser los portones de los edificios religiosos. Y les dirá: “aquí, vuestro abuelo fue feliz unos cuantos inviernos. Vino con una maleta y tres libros y se fue con una familia, que se fue extendiendo por medio mundo. Aquí también yo fui feliz. Reí y lloré, como en todas las fiestas que se precien de serlo. Aunque no me acuerde”.



1 comentario:

  1. Gracias Ángel. Muchas gracias.
    Pd: el abuelo y papá de Valeria

    ResponderEliminar