domingo, 18 de marzo de 2018

MI ÚLTIMO ALEPH




Hace unos años soñé que me encontraba un Aleph en la casa, ya abandonada, de la infancia de mi abuela materna. Una casa que yo nunca llegué a conocer hasta que no fue ruinas y solar y, por lo tanto, me permití imaginar con un altillo arriba, como los de las películas de terror estadounidenses, donde se supone que el Aleph se escondía.

Cuando desperté, mejor dicho, cuando tuve consciencia de que había despertado, temí por girarme hacia la puerta, ante el temor de toparme con la Kodama, que venía a apropiarse del sueño y sus posibles estribaciones en el amplio abanico del merchandising, o a ponerme una multa que mi frágil economía no podría solventar.




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